Sin ojos retumbo en la cama, removiendo la conciencia y buscando restos de tu piel, de tus suaves piernas, mientras abrazo a la almohada esperando un te quiero silencioso tan dulce como el de tus labios, mientras desconozco la existencia de tu largo pelo, en el que encontraba una increíble manera de volverte loca susurrándote al oído lo que sentía por tus ojos y una sonrisa que desviaba los míos.
Tengo recuerdos en forma de manos unidas que no salen de mi sudor, ese sudor que me brotaba cada vez que me unía junto a ti en un mismo ser envidiable, que nadie nunca tuvo ni tendrá, donde hacía calor y frío, donde te enfriaba y tú me calentabas, un lugar prohibido para todos y en el que no había lugar para más roce de corazones.
Las cerillas son inútiles...
No hay comentarios:
Publicar un comentario