Encontré las cuerdas perfectas, las cuerdas que nunca desafinaban, las que nunca se rompían y que nunca cambiaba. Cuerdas hechas a mano, trabajadas con cada gota de sudor, con el material más difícil de encontrar, con cada corte en mis manos, unas cuerdas tan perfectas que ni el mismo diablo podría tocar. Eres el sonido de mi vida, el que retumba mis oídos, el que me hace quedarme sordo ante todo para escucharte a ti, lo que me retuerce el alma cada vez que dices adiós, mi agudo y mi grave.
Mi corazón está en tu boca gritándome para que no me vaya...
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