Maldito sea mi escudo, que no soporta tus flechas, y ahora que estaba lejos de tu alcance, te he vuelto a encontrar y me vuelves a apuntar. Es duro recibir golpes mientras corres, parece que nunca se van a acabar, y no hay manera de encontrarte y acabar contigo entre tanto matorral. Tú me ves, pero, ¿dónde coño estás? Aparece, da la cara, muéstrame como eres y te entonces verás quién soy, que te haría, como actuaría, y verás que nada es ficción, no es otro cuento inútil, es una historia real, historia con sus pros y sus contras, como todas las historias, pero, ¿de verdad creías que las historias de verdad no tenían fallos? Lo perfecto no existe, sería imperfecto un mundo perfecto, es algo contradictorio, todo tiene algo contrario, todo, mi escudo no aguanta tus flechas, pero quizás si tu espada, y tu arco, ¿soportaría mi lanza? Déjate ver, mírame y luego reflexiona, pues quizás te equivoques, quizás no sea otro más que te intenta matar, yo no vengo a destruir, vengo a recomponer lo que otros quisieron destrozar, lo que ves roto pero en realidad sigue ahí, eso que parece que perdiste, eso que yo encontré y te quise devolver, pero no sé si es que no me crees, o no lo quieres ver, tienes miedo, lo sé, pero no todo destruye, hay cosas que construyen, y no te pido que te lances pero tampoco que vayas construyendo un muro que solo sirve para joder, para poner todo más difícil, no lo dejes todo tan apto para todos, anda con pie y medio detrás, pero comprueba antes de creer, asegúrate, créeme, podría volver a ser igual, aunque no funcionase, pero sería distinto, y no, no tienes nada que perder, si lo hubiese, sería porque quisieses, pero nada deja de funcionar sin motivo aparente.
Somos un pequeño ejército separado por una valla, dejemos todo funcionar.
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